La «personalidad Ozempic» y el peaje mental de la tiranía estética
El milagroso fármaco GLP-1 contra la diabetes, reconvertido en el nuevo elixir de la delgadez extrema, está dejando un rastro insospechado: la anhedonia. Muchas usuarias confiesan que la pérdida de peso les ha arrebatado el optimismo y el placer de socializar.

“¿El sol? Me daba igual. Los atardeceres se volvieron indiferentes. Incluso admirar mi cuerpo recién delgado en el espejo resultaba un poco aburrido. Me arrebató mi habitual optimismo”, escribió la periodista Katie Glass contando su experiencia con Ozempic en abril para The Times. “Sí, perdí un par de kilos en pocos meses, pero también perdí mi vida social”, aseguraba en el artículo, en el que también explicaba que para ella el 90% de la socialización se basaba en comer. “¿Qué atractivo tiene salir a ver a otros disfrutar de una cena de tres tiempos cuando uno ya está lleno después del entrante? Al final, uno empieza a preguntarse si merece la pena salir de casa”, reflexionaba. @ElPais